El viento de la quebrada Santo Domingo solía susurrar historias de mil años de antigüedad, pero hoy solo arrastra el polvo de la impunidad. Lo que el tiempo, el sol y el desierto respetaron por siglos, la codicia humana lo borró en unas horas.
La Triple Espiral, ese majestuoso geoglifo de 15 metros de largo que por generaciones simbolizó los tres estados del agua y los rituales sagrados de los ancestros prehispánicos en Laredo, Trujillo, ya no existe. En su lugar, un video grabado por los pobladores locales revela la peor de las postales: un doloroso cúmulo de tierra removida, una cicatriz gris sobre la memoria cultural del Perú.

¿Venganza anunciada?
La destrucción no fue un accidente; todo apunta a que fue una represalia. Apenas unos días antes, el martes 9 de junio, un operativo conjunto de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, la Municipalidad de Laredo y la Policía Nacional parecía haber ganado una batalla. Lograron expulsar a un grupo de invasores y destruyeron los módulos que ilegalmente habían levantado al costado del geoglifo.

Aquel día quedó al descubierto una verdad incómoda: los traficantes de terrenos no actúan por necesidad. En el lugar se intervino una camioneta de alta gama (placa BDL – 868), registrada a nombre de Cristian André Rejano Ayala. No había pobreza allí, solo el frío cálculo del negocio ilegal.
Pero la victoria de las autoridades fue efímera. Los invasores regresaron con carpas, desafiantes, dispuestos a tomar por la fuerza el área protegida y, en el proceso, aplastaron la historia.

Un ciclo de destrucción
La tragedia de la Triple Espiral es un eco del pasado, una herida que volvió a abrirse de la peor manera:
- Año 2001: El sector rupestre de Santo Domingo es declarado Zona Arqueológica Intangible, un título que prometía blindar el patrimonio pero que se quedó en el papel.
- Año 2015: Maquinaria pesada destruye el geoglifo por primera vez. El Estado invirtió enormes recursos y convocó a Johnny Isla, el renombrado restaurador de las Líneas de Nazca, para una reconstrucción milagrosa.
- Seis años después: Los traficantes de terrenos regresan para deshacer el milagro, destruyendo por completo el trabajo de restauración con el fin de lotizar y vender falsas promesas de vivienda a ciudadanos incautos.

«Es indignante. Destruyen nuestra historia para vender terrenos con engaños. Necesitamos que las autoridades actúen ya, que los ubiquen y los detengan», se lamenta un lugareño, mirando el espacio vacío donde antes descansaba el símbolo milenario.
Hoy, la Triple Espiral ya no adorna el desierto de Trujillo. El patrimonio cultural de La Libertad ha sufrido un golpe devastador, y la comunidad local observa con impotencia cómo la delincuencia le gana la partida a la historia, esperando una respuesta firme de la justicia que devuelva, al menos, un poco de dignidad a la memoria ancestral del país.


