El compromiso y el sacrificio de quienes fundaron una empresa familiar son en cierto modo irrepetibles, se forjaron en la etapa más dura, la de la supervivencia del negocio, señala Pablo Montalbetti, Decano de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP). Las siguientes generaciones, en cambio, suelen recibir la empresa en una etapa de crecimiento, lo que no le resta mérito a su labor, sino que la enmarca en un reto distinto.
Del legado familiar a la institucionalización
Para el decano de la UTP, la nueva generación se distingue, sobre todo, por su capacidad de ordenar mejor el negocio, a nivel de funciones, estructuras, procesos e información; y por una mayor apertura a incorporar buenas prácticas de gobierno y gestión, como la participación de terceros en directorios y gerencias no familiares, sin que ello signifique perder la cultura ni el legado familiar. Montalbetti prefiere no usar el término «profesionalización» y habla, en cambio, de institucionalizar y sistematizar la empresa, en su visión, estos líderes se manejan menos como una familia y más como una organización con altos estándares de políticas, procesos y controles.
Modernidad, audacia y vocación de crecimiento
Entre las cualidades que más destaca en estos jóvenes líderes, el especialista menciona su cercanía con un mundo más moderno: manejo de tecnología, planeamiento y uso de información financiera para la toma de decisiones, además de una mayor apertura a la participación de asesores externos. A esa modernidad se suma una dosis de audacia que, bien equilibrada por directores y asesores, puede convertirse en una ventaja competitiva antes que en un riesgo. A ello se añade una vocación marcada por el crecimiento constante, según Montalbetti, esta generación se caracteriza por su compromiso con el futuro del negocio y por las ganas de seguir generándole valor.
En cuanto a los frentes de innovación, el decano identifica un esfuerzo por cerrar brechas entre modelos de negocio: romper con paradigmas heredados del pasado y abordar el presente y el futuro de la empresa con una mirada más global, tomando como referencia buenas experiencias de otras compañías y adaptándolas a su propia realidad.
No todo el proceso es sencillo. Montalbetti advierte que, a diferencia de la primera generación, donde las decisiones solían tomarse de forma vertical, en las siguientes suele haber varios sucesores a la vez, lo que obliga a construir consensos y conciliar intereses distintos antes de implementar cualquier cambio. Sobre la importancia de la formación para liderar una empresa familiar, el decano de la UTP es enfático, no basta con la preparación académica. También son indispensables competencias como el trabajo en equipo, la comunicación, la humildad, la perseverancia y la empatía, así como la capacidad de entender los roles, funciones y niveles de autonomía de cada persona dentro de la organización.


