Los recientes sismos registrados en el país y en la región vuelven a poner sobre la mesa la importancia de estar preparados ante una emergencia. Contar con una mochila de emergencia equipada puede ser determinante durante las primeras horas posteriores a un terremoto.
El movimiento telúrico ocurrido la noche del sábado 18 de julio en Chongos, Junín, así como los fuertes terremotos registrados recientemente en Venezuela, recuerdan que estos eventos ocurren sin previo aviso y que la prevención es la principal herramienta para reducir riesgos.

¿Qué debe llevar una mochila de emergencia?
De acuerdo con las recomendaciones del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), la mochila debe tener un peso aproximado de ocho kilos y contener artículos básicos que permitan afrontar las primeras horas tras un desastre.
Entre los elementos indispensables figuran:
- Agua potable.
- Alimentos no perecibles.
- Botiquín de primeros auxilios.
- Medicamentos de uso personal.
- Linterna y radio portátil con pilas.
- Dinero en efectivo.
- Copias de documentos importantes.
- Ropa de abrigo.
- Artículos de higiene personal.
Además, especialistas recomiendan incorporar insumos de bioseguridad como mascarillas, alcohol al 70 % o en gel, jabón y un envase de lejía debidamente identificado, así como los medicamentos necesarios para personas con enfermedades crónicas.
Indeci también recuerda que los productos almacenados deben revisarse y renovarse periódicamente para evitar que caduquen.
La caja de reserva
Además de la mochila de emergencia, el Indeci aconseja preparar una caja de reserva con provisiones para utilizar entre el segundo y cuarto día de la emergencia.
Esta debe guardarse en un lugar fresco y seco e incluir alimentos no perecibles, agua, ropa, artículos de higiene y otros implementos que respondan a las necesidades de cada familia y de la zona donde vive.
Perú, un país altamente sísmico
Perú forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta, por lo que está expuesto a terremotos y tsunamis.

En ese contexto, el presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, ha advertido que Lima y el Callao mantienen un prolongado silencio sísmico debido a la acumulación de energía desde hace 279 años, lo que podría originar en cualquier momento un sismo de magnitud superior a 8.5 acompañado de un tsunami.
Ante este escenario, las autoridades insisten en fortalecer la cultura de prevención mediante simulacros, planes familiares de evacuación y la preparación de una mochila de emergencia que permita afrontar las primeras horas de una eventual catástrofe.


