La inseguridad en el Perú ya no es un fenómeno disperso. El norte y el centro del país concentran hoy los principales focos de violencia, pero no como hechos aislados: detrás hay economías ilegales que ordenan, financian y expanden el delito.
El último reporte del Observatorio del Crimen y la Violencia confirma esa tendencia. La costa norte mantiene los mayores índices de homicidios, mientras que el eje central registra un crecimiento sostenido de extorsiones. En ambos casos, la violencia se superpone con actividades ilegales o informales.
De los 1,826 homicidios registrados en 2025, la mayoría fue cometida con armas de fuego, en contextos vinculados a sicariato y redes de extorsión. Es en apenas 50 distritos que se agrupa el 59 % de los homicidios fuera de Lima y Callao. Varios de esos distritos están en regiones del norte y el centro. Por ejemplo, en Pataz hubo 35 homicidios, en Piura 44, en Tumbes 33, en Pisco 17, etc. Son territorios donde la violencia se conecta con economías ilegales que la sostienen.
Territorios con miedo
En la provincia de Pataz, en La Libertad, la minería ilegal ha configurado un escenario donde el oro ilícito convive con el sicariato. Bandas armadas disputan socavones, rutas y zonas de extracción. La extorsión a mineros, transportistas o comerciantes es parte del patrón y un mecanismo de control.
En Cajamarca, especialmente en San Ignacio, el avance de la minería ilegal empieza a generar tensiones en un territorio históricamente agrícola. El café convive cada vez más con actividades mineras ilegales que traen consigo redes de financiamiento criminal, cobro de cupos y amenazas.
Aunque los niveles de homicidios no alcanzan aún los de la costa norte, los indicios de expansión del delito de extorsión, presencia de actores armados, conflictos locales, podrían agravarse con el tiempo.
En Ica, el escenario es algo distinto. A la agroexportación se suma la presencia de minería informal en algunas zonas, incluso arqueológicas, lo que genera espacios de disputa y condiciones para la extorsión.
Además, la extorsión ha dejado de concentrarse en Lima. En el norte y el centro crece asociado a economías que necesitan financiamiento rápido y control territorial, como la minería ilegal, transporte informal y comercio ambulatorio.
El “gota a gota”, el cobro de cupos y la amenaza constante forman parte de un mismo sistema delictivo. Si bien un gran problema es que el aumento de denuncias no ha sido acompañado por una respuesta eficaz, la violencia no se explica solo por la ausencia de respuesta policial o judicial. El sicariato y la extorsión prosperan porque existen economías ilegales que los financian, los ordenan y les dan sentido territorial.


