La niña solitaria que vivió frente al mar de Chimbote no superó que su padre nunca más volviera del mar y que su madre la abandonara en la infancia. La capacidad de amar de Micaela se quebró y su destino fue arrastrar a todo el que intentara darle amor. Alfonso, el periodista que la amó, sufrió las consecuencias de esa tortura y de las ideas de un feminismo fanático que, según él, terminó oprimiendo el corazón de ambos.
Un novelista sin nombre, el testigo de su generación, escribe esa historia para practicar una suerte de autopsia a una intelectualidad norteña de poetas, sociólogos, periodistas y narradores que son testigos de la crisis política, del estallido social, de la persecución fujimorista y de la infiltración terrorista de Sendero en los tiempos de la universidad. Sin embargo, lo que verdaderamente lo impulsa a escribir es la muerte de Adriana, la mujer con quien vivió un amor descontrolado. Esa es la mujer que, además, tuvo un noviazgo discreto con Micaela y consumió la vida de Alfonso arrastrándolo al suicidio. El novelista sin nombre, que termina vinculado sentimentalmente a Micaela, reconstruye esta historia desde sus entrañas, condenado a esos amores entrecruzados. La ausencia, la obsesión y la muerte los flagela por igual.

La luz que nos abraza (Mesa Redonda, 2025) es la segunda novela del escritor peruano Augusto Rubio Acosta. Nació en Chimbote en 1975, pero ha estado muy vinculado a Lima, donde estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y a Trujillo, donde se desempeña como gestor cultural. Fraga, su primera novela, la publicó en el 2015. También es autor de una importante obra poética y periodística.
El narrador de La luz que nos abraza es un escritor cuya identidad no es revelada. Escribe una novela a partir de los demonios de sus amigos de lucha, intelectuales y artistas de su generación que se van evaporando entre las circunstancias sociales del Trujillo que les tocó vivir. Sin embargo, por confesión propia, escribir esa novela es, sobre todo, su “gran y última batalla” contra el vacío que le dejó la poeta Adriana, un vacío que termina con hojas de papel volando en el viento en medio de la tensión sociopolítica que los consumió.
Esa batalla que libra desde la escritura lo lleva a la sórdida historia de Micaela y Alfonso, cuyas voces van construyendo la historia desde distintos frentes narrativos. Las voces y tiempos del relato van confundiéndose en la estética polifónica que caracteriza a la novela. Micaela y Alfonso están en el centro de la trama. Son ellos, a través de sus vidas, quienes permiten al lector sumergirse en los dilemas de la época, en la vida bohemia de Trujillo y en las discusiones ideológicas que marcan diametralmente sus vidas.
La novela de Rubio Acosta pone el dedo sobre varios asuntos que pueden discutirse. El personaje de Alfonso es, a mi entender, una crítica furibunda a un feminismo radical y fanático que lo lleva al abismo. Sin embargo, para Micaela, las ideas sobre los “géneros en disputa” se convierten en una reconciliación con la vida, aunque terminara sintiéndose culpable de las consecuencias. En ese sentido, La luz que nos abraza nos proporciona todas las miradas posibles para intentar explicaciones propias sobre la tragedia individual de ambos personajes.
La novela de Rubio Acosta también habla sobre una tragedia colectiva que se puede entender a partir de algunas preguntas que lanza en el capítulo final. En referencia a Trujillo, el autor pregunta: ¿Qué le habría ocurrido a esta urbe de pasiones, verdades y originalidad? ¿En qué momento se extravió su lucidez y su memoria, la vena artística y el aura combativa de sus menores hijos? La luz que no abraza es el retrato de una generación que dejó de luchar. Los protagonistas viven en un mundo impulsado por el dogma individual. No les queda más que migrar, suicidarse o escribir desde un impulso egoísta y desenterrar las miserias de los amigos caídos para liberarse de las penas y culpas propias.
Escribir resulta un acto egoísta porque, como dice el novelista-narrador “los escritores siempre estamos solos” y cuando sus mujeres mueren o se van “la soledad se multiplica por cien, por mil, por millones de golpes y disparos a quemarropa que hacen volar nuestro corazón” (p. 66). Sin embargo, de ese estado nace la “más alta poesía” (p. 67).
La novela de Augusto Rubio tiene una pretensión poética y su lenguaje persigue la belleza de la nostalgia. Por eso, el “rumor de las olas revela la angustia de los nuevos días que se acercan” (p. 45) y la voz de Micaela dice: “De aquí me arrancaron con violencia para arrojarme al esplendor y la incertidumbre de otros mares, de otros ejes y otros núcleos que me condenaron a ser para siempre una mujer errante” (p. 81).
Todas estas son buenas razones para leer la novela de Augusto Rubio Acosta.
Cómo adquirir el libro
Si deseas adquirir un ejemplar de la novela puedes encontrarlo en Librería Chéjov (Trujillo), Librería El Virrey (Miraflores, Lima) y en la web de Mesa Redonda Librería y Editorial.


